Todos tenemos temores y miedos ocultos. Terrores y sensaciones que nos paralizan y nos angustian. Muchas veces provienen de traumas, o de hechos aparentemente insignificantes que sucedieron en nuestra niñez, y de los cuales muchas veces ya ni siquiera somos conscientes de adultos. Muchos de estos temores, cuando somos pequeños, resultan inconfesables, quizás por vergüenza o para no caer presa de las burlas de los otros niños. Este era mi caso, ya que mi miedo era hacía las sillas de ruedas, y por propiedad transitiva, a todo lo relacionado con la parálisis. Cómo y cuando se inicio esta curiosa aversión? Recuerdo que haber visto un capítulo de “Viaje a la estrellas” o de “Rumbo a lo desconocido” me impresiono muchísimo. Un personaje luego de sufrir un terrible accidente había quedado inválido y desfigurado, y su cuerpo, lo poco que había quedado de él, solo parte del rostro y el torso, estaba reconstruido e integrado a una silla de ruedas espacial y cibernética. Esa imagen me impactó y quedo grabada en mi mente durante mucho tiempo y fue objeto de frecuentes pesadillas. Pero no fue solo eso. Adicionalmente, en aquellos años de la década del 60, la poliomielitis también llamada “parálisis infantil” era una amenaza real para todos los chicos de clase media, y el miedo a la enfermedad era apenas contrarrestado por la aparición de la vacuna Sabin oral. Además, como efecto indeseable, la vacuna puede producir algunos casos de poliomielitis paralítica, aproximadamente un caso por cada millón de niños vacunados, una probabilidad muy baja, considerada un daño colateral razonable. Razonable desde el punto de vista estadístico, pero no desde el punto de vista de un niño aterrorizado por el riesgo de poder contraer la terrible enfermedad.
Lo curioso y terrible a la vez, es que mi miedo por contraer la parálisis se transfirió también a los portadores de la enfermedad. Es curioso esto de llegar a tenerle más miedo a los enfermos que a la enfermedad; se podrá considerar un aliciente el temor al contagio? No aplica en todos los casos, y en realidad creo que esto vas mucho más allá, y es el miedo que sentimos hacia todo lo que es diferente a nosotros. No sé si todos puedan reconocer con honestidad brutal que existe cierta fobia hacia algunos enfermos y discapacitados: leprosos, mutilados, deformes, pueden engrosar esa penosa lista. Sé que esto pueda parecer chocante para algunos, pero no es razonable también pensar en el enorme odio y rencor que deben sentir ellos hacia las personas sanas? Porque sentimos desconfianza por lo ciegos? Acaso no es estremecedor y revelador en este aspecto el Informe sobre ciegos de Sábato? En la edad media se asociaba la enfermedad con la manifestación del mal; la lepra por ejemplo, adquirió rápidamente una mala imagen, presentándola como la expresión más pura y acabada del pecado («la alegoría del pecado» se llegó a decir de ella). Algún texto habla de la lepra como si fuera «el salario del pecado» y sobre todo cuando se hace referencia a éste se está pensando en un tipo de pecado muy concreto, la lujuria.
sábado, 7 de febrero de 2009
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